
Qué maravillosa escena la de Groucho y Chico en Una noche en la ópera cuando preparan el contrato del mayor tenor del mundo:
(Groucho saca dos papeles, los despliega, le da uno a Chico y se queda con el otro).
Groucho.-
Aquí hay que poner el nombre del divo. ¿Sabe? Y usted firma al pie. No es necesario que lo lea porque son duplicados.
Chico.-
Sí, duplicados… duplicados.
Groucho.-
Eso he dicho. Sí. Duplicados.
Chico.-
Ya, ya. Duplicados.
Groucho.-
¿No sabe qué son duplicados?
Chico.-
Sí. Los cinco gemelos de Canadá.
Groucho.-
Los cinco gemelos del Canadá no son varones. Son niñas. Lea en voz alta.
Chico.-
¿Y qué es lo que dice?
Groucho.-
Léalo y lo verá.
Chico.-
No. Léalo usted.
Groucho.-
Ya que usted quiere se lo leeré. ¿Oye usted?
Chico.-
No. Aún no he oído nada. ¿Ha dicho algo?
Groucho.-
Nada que valga la pena oírse.
Chico.-
Tal vez por eso no oí nada.
Groucho.-
Por eso no he dicho nada.
(Groucho acerca y aleja el contrato de sus ojos para tratar de leerlo).
Chico.-
¿No sabe usted leer?
Groucho.-
Sé leer, pero no tan cerca. No sé que me pasa. Se me desenfoca. Si tuviera los brazos más largos lo leería. ¿No tiene por casualidad un chimpancé en el bolsillo? ¡Ah! ya. Ahora veo bien. Hará el favor de poner su atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. ¿Qué tal? Está muy bien. ¿Eh?
Chico.-
No. Eso no está bien.
Groucho.-
¿Por qué no está bien?
Chico.-
No lo sé. Quisiera volverlo a oír.
Groucho.-
Dice que… “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”.
Chico.-
Sí. Sí. Esta vez parece que suena mejor.
Groucho.-
A todo se acostumbra uno. Si usted quiere lo leo otra vez.
Chico.-
Tan sólo la primera parte.
Groucho.-
Sobre la parte contratante de la primera parte.
Chico.-
No. Sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.
Groucho.-
Dice que… “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. Y la parte contratante de la primera parte será considerada en este contrato…”. Oiga. ¿Por que hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
(Groucho arranca la parte superior de su contrato).
Chico.-
Sí. Es demasiado largo.
(Chico también arranca la parte superior de su contrato).
Chico.-
¿Qué nos queda ahora?
Groucho.-
Todavía más de medio metro. Ahora dice…”la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte”.
Chico.-
Eso sí que no me gusta nada.
Groucho.-
¿Qué le encuentra?
Chico.-
Nunca segundas partes fueron buenas.
Groucho.-
El otro día vi un partido de fútbol y la segunda parte fue mejor que la primera. Le pegaron al árbitro y todo.
Chico.-
Escuche. ¿Por qué no hacer que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?
Groucho.-
En vez de discutir qué le parece a usted si…
(Groucho arranca otra vez la parte superior de su contrato. Chico hace lo mismo con el suyo).
Groucho.-
Aquí hay una cláusula que le va a volver a usted loco de alegría. Ya lo verá.
Chico.-
No. No me gusta.
Groucho.-
¿Qué no le gusta?
Chico.-
Sea lo que sea no me gusta.
Groucho.-
No vamos a romper nuestra vieja amistad por una cosa sin importancia. ¿Listo?
Chico.-
¿Listo?
(Ambos arrancan otro pedazo de la parte superior de sus respectivos contratos).
Chico.-
Ahora en esta parte que sigue hay una parte que no le gustará.
Groucho.-
Bien, su palabra es suficiente para mí.
(Vuelven a arrancar otro pedazo).
Groucho.-
Dígame, ¿mi palabra es suficiente para usted?
Chico.-
Desde luego que no.
Groucho.-
Bueno, quitemos un par de cláusulas.
(Y quitan otro trozo de papel de sus contratos).
Groucho.-
“La parte contratante de la octava parte…”.
Chico.-
No.
Groucho.-
¿No?
Chico.-
He dicho que no.
Groucho.-
“La parte contratante de la…”.
Chico.-
No. Eso tampoco.
Groucho.-
¿No?
Chico.-
No. Oiga ¿cómo es que mi contrato es más pequeño que el de usted?
Groucho.-
No lo sé. Seguramente será porque usted es más “chico” que yo. De todos modos estamos de acuerdo. ¿Verdad?
Chico.-
Sí. Eso sí.
(Groucho saca una pluma y se la tiende a Chico).
Groucho.-
Entonces ponga usted su firma ahí y así el contrato será legal.
Chico.-
Me olvidé decirle que no sé escribir.
Groucho.-
¿No? Es igual. La pluma no tiene tinta. Pero el contrato está hecho. ¿No es eso? Le obliga un contrato.
Chico.-
Por completo.
Groucho.-
Aunque sea muy chico.
Chico.-
Espere. Espere. ¿Qué dice en esta línea?
(Chico tiende su contrato a Groucho para que lo lea).
Groucho.-
Eso no es nada. Una cláusula común a todos los contratos. Sólo dice… dice… “si se demostrase que cualquiera de las partes firmantes de este contrato no se halla en el uso de sus facultades mentales quedará automáticamente anulado en todas sus cláusulas”.
Chico.-
Pero yo no sé si…
Groucho.-
No se preocupe. Hay que tomarlo en cuenta en todo contrato. Es lo que llaman una cláusula sanitaria.
Una noche en la ópera.
Editorial Fundamentos
ISBN: 84-245-0335-X