
Tubular Bells fue publicado en 1973 por Virgin, pero hablo de 35 años porque comenzó a grabarse en otoño de 1972, hace ahora 35 años.
Algún recuerdo inconexo me ha hecho escuchar esta noche este viejo disco de Mike Oldfield. Y entiendo que a la mayoría de los que pasen por este blog este hecho no les cause ningún efecto. Pero si hacemos caso a los estudios que dicen que se escucha música con la memoria, estas notas algo anticuadas llegan a mí con toda la fuerza y los recuerdos de quien la escuchó por primera vez, en 1974, cuando tenía 16 años. Y en aquella época y en mi caso, la escucha de Tubular Bells fue todo un hito, porque nadie había hecho nada parecido hasta entonces. Cuesta creerlo cuando hoy se utiliza hasta para timbres de teléfonos móviles y ha perdido casi toda la fuerza, asimilada por las mil escuchas en diferentes formas que ha podido disfrutar, o padecer, quien tenga ahora treinta años o menos.
Esa primera vez que escuché el disco, gracias a la existencia en Las Palmas de Stradivarius, la tienda que importaba directamente de Alemania lo que allí se escuchaba, mientras el resto del país bailaba al son de Fórmula V, Karina, y los más progres con Lone Star o Los Canarios.
Mike Oldfield hizo entonces un verdadero acto de creación, aunque gran parte de las melodías del disco y sus ritmos tengan sus raíces en el folklore de su país. Virgin realizó el gran descubrimiento de la década al editar el disco, después de que fuera rechazado por casas discográficas de prestigio. Ya que Virgin en aquella época era poco más que una tienda de discos.
Recuerdos que se agolpan al escuchar la música de quien parecía el genio del siglo.
Ese disco para mí fue la cumbre de la industria discográfica, pero también el abismo. Estos sonidos son los de una época en que los músicos hacían música y no como poco después, en el que las casas discográficas inventan músicos, que luego hacen música según el patrón creado para su nicho de mercado.
Este es un post nostálgico. Ahora siento que todo está tocado por el dinero. Y hoy con mis 49 años, añoro cuando te podías permitir hacer las cosas por amor al arte. ¡Pero, carajo!, si hay hasta quien escribe un blog por dinero.
El Hombre Lobo del disco aúlla entre las flores y el cerco se estrecha. La música de baile suena a lo lejos. Veinte guitarras eléctricas suenan en primer plano. Las virutas de humo se elevan y desaparecen en la oscuridad. Para no volver jamás, porque como dice el refrán: quien con lobos anda, a aullar aprende.