Un exhibicionista digital en una asamblea de analógicos

8 de Noviembre de 2007 por José Luis García

payaso.jpg

Aviso: esta entrada es larga como un día sin pan, o lo que es lo mismo, como un día sin internet.

Varios compañeros en la blogosfera -Mangas Verdes, eCuaderno, Porsilasmoscas.net, Escolar.net, etc.-, han hablado ya del famoso discurso de Juan Luis Cebrián, razón por la que yo había decidido al fin no escribir nada sobre el asunto. Y sin embargo, aquí estoy escribiendo sobre el discurso del académico y que él mismo tituló La vida en un blog, pero que debió haberlo llamado ‘La vida en un bloc‘, porque eso es lo que él conoce: los blocs, que no los blogs.

Tamaña osadía la mía arremeter contra un académico, sobre todo después de que la Red ya ha dicho mucho sobre él. Nadie va a leer esto por viejo y gastado, pero es que la rabia que me producen los demagogos me impide callar.

En su discurso dice el hombre:

* “Un blog, inicialmente, no consiste sino en un diario personal escrito en una página web”. Craso error, si no conferimos a ‘inicialmente’ un valor relativo, que no tiene. Un blog es un millón de cosas y puede ser un diario personal, pero existen millones de ellos en la red que no son tal cosa, por lo que tal generalización debe ser considerada como falsa por seres dotados de raciocinio (si es que existe alguno fuera de la Red).

* “El suicidio de su padre alcohólico, cuando Justin contaba siete años, y los problemas y discusiones con el equipo de Wired a cuenta del ego de cada cual, tienen mucho que ver con su comportamiento profesional como escritor y, probablemente, con la configuración que los blogs han adquirido en la última década”. ¿Qué decir del viejo truco de ilusionista de utilizar un hecho cierto para llegar a una conclusión desaforada, camuflada con un ‘probablemente’ para tener siempre una puerta de escape ante un análisis profundo del texto? El absurdo es tan grande, como si yo dijera que la forma de escribir del tal Cebrián, tenga relación con el hecho de que su padre, don Vicente, fuese director del franquista rotativo “Arriba”. O que la excesiva utilización de comas que utiliza Juan Luis en sus escritos se deba a su época como redactor en el siempre de derechas diario Pueblo (ya ves JuanLi, ni una coma en la frase; para que rabies y aprendas).

* “Antes bien, podríamos asumir que hay una cierta pasión por el exhibicionismo, a veces bajo la excusa de la comunicación, en toda la actividad que se desarrolla en la red. Al fin y al cabo, quien se abre una gabardina y enseña los genitales a los viandantes busca también una forma de comunicarse”. Aquí reutiliza el mismo truco, pero ya dejado de la mano de cierta barbarie intelectual, pues utiliza exhibicionismo en una frase y la finaliza con el exhibicionismo de su falta de originalidad al citar a quien enseña los genitales. Así, su discurso es puro exhibicionismo de conocimientos digitales ante una asamblea de analógicos.

* Aquí junto dos frases del académico en las que creo que se autorretrata: “definir una generación iletrada y confusa, apegada a los mensajes al segundo y poco proclive a la lectura y a la reflexión”… “Resulta más preocupante, en cambio, la frivolidad disfrazada de ropajes respetables, la vacuidad sonora de los demagogos o la credulidad prestada a mentirosos y falsarios.” Pues no es sino frivolidad respetable, demagogia y falsedad casi la mitad de lo que puede leerse en el discurso de Juan Luis Cebrián. Dice él mismo: “se habla como se piensa porque se piensa como se habla”, así él habla, o escribe, mal porque su pensamiento es erróneo y rampante. Es la escritura del demagogo encaramado en lo alto de la pirámide social, hasta que al fin, la senilidad absoluta lo arrastre al olvido. Tanta palabrería vana para acabar dentro de unos años en una Residencia de Tercera Edad de alto standing.

Después de lo que ya hemos leído, sólo nos puede crear hilaridad el final del discurso: “El desarrollo y el bienestar de los pueblos, la universalización de la cultura, dependen en gran medida de cuán sensibles seamos, por incomprensibles que a veces parezcan, a las novedades del milenio.” La sensibilidad de este hombre debe ser cosa de análisis de toda una facultad de psicología, que yo presidiría encantado si no tuviese otras cosas que hacer, como sacar a pasear a mi perro.

Y después la coletilla: “Su presencia aquí, señor presidente, junto a los responsables de su gobierno en lo que concierne al desarrollo de la sociedad de la información, pone de relieve su compromiso personal e institucional a la hora de enfrentar tamaño desafío.” Pues si el compromiso personal e institucional del señor Zapatero es el expresado en la Lisi, mejor que no lo tenga. De verdad, señor presidente, para compromisos así, preferimos el olvido y la dejación de funciones.

Ver sobre la Lisi (que no es prima de la Heidi), la interesante entrada publicada por tuexperto.com

Punto y final, que ya es hora.

Los comentarios están cerrados.