
Está claro que no todos los autores de este país quieren ser socios de la SGAE. Los hay que lo son o lo han sido y que en un momento determinado -por no estar de acuerdo con la política seguida por la SGAE -u otras razones- deciden pedir la baja como socios.
Pero el asunto no es tan fácil. Os adjunto a continuación el correo que he recibido de dos ex-socios de la SGAE -autores y trabajadores en una compañía de teatro independiente que viven de su trabajo en los escenarios-, en el que me cuentan las peripecias que vivieron hasta poder formalizar la baja.
Es un poco largo, pero muy aleccionador. Por supuesto, no hay nada inventado por mí en el texto y guardo por supuesto una copia del mismo, con fecha e Ip de mi comunicante por si algún listillo pretende hacer pasar por falsa la siguiente historia:
“Hola José Luis, en primer lugar pedirte disculpas por no haber respondido antes. Una serie de complicaciones de trabajo, enfermedades, etc. nos han tenido un poco despistados. En fin, que, en todo caso, no nos olvidamos de tu mensaje y no tenemos ningún inconveniente en contarte nuestra peripecia con Sgae:
Nuestro primer intento de salir de Sgae fue enviando sendos correos certificados con acuse de recibo, antes de que faltase un año para vencer nuestros contratos, tal como exige el contrato tipo que teníamos con Sgae.
La respuesta que nos enviaron -por correo ordinario- fue que habíamos calculado mal los plazos, ya que nosotros nos atuvimos a los cinco años prorrogables de cinco en cinco, según dice en los contratos, y ellos nos decían que ese plazo había sido modificado por un cambio en los estatutos de Sgae en una asamblea (¡?), a la que naturalmente no fuimos convocados ni informados de sus acuerdos.
(Este paso nos sirvió para que mi esposa se percatase de que en su contrato -aprovechando que tú firmas los dos ejemplares de buena fe y ellos se los quedan para cumplimentarlos- habían modificado con tippex la fecha de firma del contrato, pues mi compañera ya estaba de alta hacía muchos, aunque sin contrato, es decir, sin exclusividad, etc.)
El caso es que, haciendo las cuentas a su manera, resultaba que se nos había pasado el momento de darnos de baja, y habríamos de esperar al próximo vencimiento del contrato.
Como no teníamos intención de liarnos -ni tenemos, por ahora- con abogados, esperamos a que faltase algo más de un año para el vencimiento del contrato según sus cuentas y repetimos el envío de carta certificada con acuse de recibo denunciando el contrato.
Nos respondió un tal Cifuentes -de nuevo por correo ordinario- diciendo que no podía ser en ese momento, ya que según los términos del contrato tenía que transcurrir un año para que venciera y bla, bla, bla. En definitiva, que nos reconocía como fecha de baja el 9 de mayo de 2005, que era la fecha que nosotros calculábamos. Además decía que, si antes de esa fecha nos arrepentíamos, no teníamos más que comunicarle nuestro deseo de continuar en Sgae, cosa que no hicimos.
A partir de esa fecha, hemos comunicado a todas las entidades contratantes que los derechos de autor de nuestras obras -todas las que representa nuestra compañía- están incluidos en el cachet, cosa que a algunos les parece muy bien, y la mayoría creemos que ni se entera.
Uno de los que sí se enteró fue el Organizador de un Festival de Murcia, que nos contrató para actuar en su Festival y se le presentó el recaudador de la innombrable. Suponemos que este episodio ya te lo habrá contado él. El caso es que, cuando llamamos a Sgae para ver qué pasaba con nuestra baja nos fueron rebotando de departamento en departamento hasta que conseguí hablar con el propio Cifuentes que no “recordaba”(!) haber firmado aquella carta, ni tenía copia archivada(!!!).
La única explicación que se le ocurrió para semejante amnesia fue que nuestra solicitud coincidió con un proceso de “descentralización” en Sgae, ya que ahora esas cosas dependían de los centros autonómicos, por lo que debíamos dirigirnos a la delegación de nuestra Comunidad Autónoma. Allí no sabían nada de nuestras cartas, ya que las habíamos enviado a Madrid.
Les envié una copia escaneada y me respondieron que bueno, que tenía que ir al Consejo de Administración, y una serie de cosas alucinantes. Yo traté de hacerle ver que todo eso eran problemas internos suyos y que nosotros habíamos cumplido el requisito contractual para darnos de baja, y, por tanto, ellos tenían que abstenerse de actuar en nuestro nombre.
La realidad es que, según nos consta por algunos programadores amigos, la Sgae sigue haciéndose la sueca y reclama los derechos de nuestras obras, incluso de la última, que ya no hemos registrado con ellos (sí que las registramos todas en el Registro de la Propiedad Intelectual, esto es importantísimo para hacer valer tus derechos al margen de Sgae).
La actitud que hemos adoptado en esta situación es:
1) Informamos a los programadores de que los derechos de autor están incluidos en el cachet.
2) A aquellos que se ponen en contacto con nosotros cuando tienen problemas con Sgae, le facilitamos una copia del registro de la obra en la Propiedad Intelectual y de las cartas del Cifuentes dónde reconoce la fecha de baja. Parece que hasta ahora ha dado resultado y
dejan de darles la vara.
(Hace tiempo que pensamos en hacer una carta tipo autorizando al organizador para que se realice la representación y eximiéndole del pago de los derechos de autor, pero no hemos tenido tiempo -o ganas- de estudiar el asunto a fondo y hacerlo bien, con un abogado. Quizás ésta sería una cuestión que valdría la pena tratar con más gente y encontrar una fórmula común.)
3) Tratamos de reunir información de aquellos organizadores que, por desinformación o por no complicarse la vida, pagan a Sgae de todas formas, para, en su día, utilizarla como más nos convenga, ya sea para reclamar esas cantidades a Sgae (sin 15% de administración, por
supuesto, ya que lo están haciendo sin nuestra autorización) o para exigirles que las devuelvan a quien las pagó, o para lo que nos parezca conveniente.
Lo que no nos interesa es liarnos con reclamaciones puntuales o pequeños conflictos, sino acumular datos, aprovechando que Sgae tiene que retener lo recaudado durante cinco años, antes de enviarlo a sus “obras sociales”. Antes de que venza ese plazo, a partir de nuestra fecha de baja, decidiremos cómo actuar.
Un abrazo”.
Es decir, la SGAE sigue cobrando derechos de autor, aún en contra de los deseos del autor.
Foto: mfajardo