
Foto, por Susanna Sáez.
Traxtore ha obtenido una sentencia desfavorable en la batalla legal interpuesta contra esta tienda de informática por la SGAE.
El juez tras deliberar durante seis meses le ha dicho a Ana María, copropietaria de Traxtore, que debe pagar todo lo que la SGAE le exigía, más la imposición de costas.
Traxtore deberá pagar por los mp3, tarjetas de memoria, dvd’s y cd’s adquiridos desde el 2002.
Esta batalla en la que la SGAE se ha metido para defender el derecho de los autores a seguir creando, promete llevar a la ruina a las 1.800 tiendas de informática y franquicias reunidas en APEMIT, asociación de la que Ana María es impulsora desde sus comienzos.
En realidad este canon debería haberse abonado por los fabricantes e importadores de los soportes de memoria, pero le ley faculta a la SGAE para ir a por el distribuidor. La ley faculta, pero no la obliga. ¿Por qué lo hace?
El tema es complejo, pero no creo que llevar a la ruina a 1.800 empresas sea lo más sensato para proteger la cultura de este país.
Yo soy un creador, un autor, un artista y ni la SGAE, el Gobierno, ni cualquier otra entidad de gestión podrá argumentar jamás sobre hechos verdaderos que sus métodos para el cobro de los derechos de autor es imprescindible para que yo siga creando.
Yo soy un autor de teatro para niños y he escrito también para ellos para programas de televisión. ¿Y sobre qué valores escribo para los niños y las niñas? Sobre la libertad, la cooperación, el diálogo, el respeto, la comprensión… En definitiva, los valores de la cultura, porque ella -la cultura- necesita de la libertad, de la cooperación, el diálogo, el respeto y la comprensión para seguir creciendo.
Yo, modesto escritor de obras para niños, no veo ninguno de esos valores en las actuaciones que lleva a cabo la SGAE a lo largo de los últimos años, a pesar de que su Junta Directiva se ha autoproclamado adalid de la cultura de este país. ¿De qué cultura?, ¿la de todo vale por el dinero? Lo siento señores, esa no es mi cultura.
Vosotros no me representáis; jamás podréis hablar en mi nombre, porque yo cada día debo mirar a los niños y niñas a los ojos y lograr que su imaginación vuele. Y vuestros ojos, marcados por la luz de los despachos cerrados, acostumbrados a entrar en los Tribunales señalando con el dedo al prójimo, no tienen el mismo color que mi mirada, la de un sencillo escritor que en ocasiones siente hasta vergüenza de llamarse autor.
Traxtore seguirá luchando; mi cultura también, cada día, en cada teatro, en cada plaza, en cualquier escenario; aquí en internet, en cualquier lugar.
Mientras vosotros contáis la estrellas y le decís al mundo que son vuestras.