
Foto: philipyk
Volvemos a hablar de la directiva europea sobre la propiedad intelectual, de la que ya hablamos hace unos días. Ahora me llama la atención el tratamiento tan diferente que dan de la misma noticia en dos medios de comunicación digital: NetYdea y The Inquirer.
Para que luego no digan que yo mismo manipulo lo que dicen os dejo con un fragmento de cada uno de ellos. Recuerda que dan la misma noticia, o eso se supone.
NetYdea:
Las redes de intercambio punto por punto, más conocidas como P2P, han quedado al margen de un proyecto de directiva aprobado por el Parlamento Europeo que prevé sanciones penales para los delitos contra la propiedad intelectual.
Y ahora veamos lo que dice The Inquirer:
La controvertida directiva denominada Ipred2 acaba de ser aprobada por el parlamento europeo, y las consecuencias son muy importantes: cualquier tipo de violación del copyright se considera un delito criminal, y la directiva afecta especialmente a portales de vídeo y redes de distribución P2P.
En lo único en que coinciden ambas informaciones es que el usuario de las p2p que las utiliza sin ánimo de lucro queda fuera de las sanciones.
Sin embargo, volviendo a NetYdea, leemos:
No obstante, algunos europarlamentarios advierten de que el texto es algo ambiguo y no permite descartar esa posibilidad (la de las sanciones a los usuarios).
Estamos en una sociedad de economía liberal, lo que significa ni más ni menos que los estados ceden parte de su trabajo a los grupos de presión. Es decir, si los agricultores se asocian para hacer presión contra los intermediarios y conseguir que les paguen más por su trabajo, pues bien, dice el estado, sino, nosotros no podemos intervenir porque interferimos en el libre mercado. Si los agricultores no tienen medios de presión, seguirán cobrando la miseria que cobran y los intermediarios seguirán vendiendo sus productos a precio de oro.
De la misma manera la industria musical y audiovisual ha constituido un medio de presión muy fuerte y coordinado para seguir controlando a toda costa la distribución de los contenidos ‘culturales’. Así, presionados, los estados crean leyes para acallar al grupo de presión. Si el ciudadano no dice nada, no se asocia para crear a su vez otro grupo de presión, pues nada, es su problema.
Se ha dicho mil veces, el debate no está en la cultura, el debate está en el negocio, en los contenidos que quiere vender la industria musical y audiovisual. Así, sólo si controla la distribución podrá controlar lo que llega al usuario. Ellos quieren que les llegue lo suyo, lo que ellos promocionan, y desean que como antes de que existiera internet, lo otro no exista, o exista a un nivel tan minoritario que no moleste.
La protesta del usuario no es por conseguir gratis en la red miles de discos o películas. La lucha está en que la cultura deje de asumirse tan sólo como un negocio y tengamos acceso a todo lo que se crea en el mundo y no sólo a lo les interesa a la industria musical y audiovisual y a sus lacayos.
De momento, los políticos vacilan y aprueban un texto ambiguo para ver en qué para la lucha entre la industria y el usuario.
La pelota está ahora en nuestro tejado. Si callamos, serán otros los que hablen.