Diabetes: una epidemia mundial
23 de Septiembre de 2006 por José Luis García
Foto: whereischeech
Las cifras son preocupantes: en 1985, había unos 30 millones de personas con diabetes en el mundo. Hoy la enfermedad afecta a más de 230 millones y todo indica que, de no mediar intervenciones efectivas, en dos décadas habrá en el mundo 350 millones de diabéticos.
El impacto de la epidemia se vincula con el drástico crecimiento de la forma más frecuente de diabetes, la tipo 2 (cerca del 90% de los casos), antes llamada no insulinodependiente, que, si bien está en relación con la predisposición genética, debe su explosiva irrupción a una alimentación rica en grasas y azúcares, sedentarismo y obesidad. Antes, esta diabetes aparecía después de los 40 o 50 años. Pero ahora, con chavales cada vez más obesos y sedentarios, se presenta ya desde la niñez.
La enfermedad se caracteriza por la falta total o la deficiente acción de la hormona insulina –la “llave” que abre la puerta de las células para que en éstas ingrese la glucosa (energía) que consumimos con los alimentos. La forma menos frecuente, que representa entre el 10% y 15% de los casos, es la diabetes tipo 1, fruto de una reacción autoinmune que hace que por un motivo aún no conocido el organismo se ataque a sí mismo y destruya sus células beta, que producen insulina en el páncreas. Por eso, los diabéticos tipo 1 necesitan insulina para vivir, y también en estos casos –como en la diabetes tipo 2– hay un componente hereditario. La tipo 1 puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en la niñez o en la juventud, y suele ser de comienzo más “espectacular”: el páncreas se queda sin células beta y sin insulina, y el organismo, cargado de glucosa y sin poder usarla como energía, intenta desesperadamente eliminarla a través de la orina. La persona tiene mucha sed, así como hambre excesiva, y al mismo tiempo va perdiendo peso porque sus células no reciben energía.
Los síntomas de la diabetes tipo 2 son menos claros y a menudo transcurren entre 5 y 10 años antes del diagnóstico. En ese momento, generalmente ya ha producido alguna de las complicaciones crónicas que podrían haberse prevenido con tratamiento adecuado. Sin embargo, su presencia puede sospecharse si existe obesidad abdominal (88 cm en las mujeres, 102 en los varones), alto colesterol, hipertensión arterial y antecedentes familiares.




