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Ciudades impracticables

12 de Enero de 2006 por Bolorino

In the city
Foto de phoneome.

El ser humano tiende a menudo a ir en contra de la lógica e incluso de lo práctico.
Cuando este comportamiento se aplica a la ordenación urbana, a la posibilidad de transitar con normalidad por la calle, el asunto me saca de quicio.

Algunos ejemplos.

La ciudad donde vivo tiene algo que en principio resulta agradable y beneficioso, multitud de árboles y vegetación. Naranjos, eucaliptos, adelfas, margaritas, madreselva, sauces, álamos… lo que quieras.

Esta proliferación vegetal se convierte a veces en una pesadilla que te hace plantear la posibilidad de llevar un machete encima, para ir cortando todo lo que baja de la altura de tu cabeza.

Está claro, el servicio municipal de parques y jardines es malo.

Pero no es lo peor. La absoluta falta de respeto por los viandantes me parece de escándalo.

En mi ciudad, las aceras se cortan al paso para dejar sitio a marquesinas, contenedores de basura, farolas, postes del alumbrado…
Claro, en algún sitio habrá que poner esas cosas, pero ¿en mitad de la acera? ¿Incluso cercenándola por completo y obligando a los peatones a circular por la calzada?

A ningún edil municipal se le ocurriría reducir el paso a los vehículos motorizados para colocar un contenedor; tiene que quedar espacio para aparcar en doble y triple fila, y los cochecitos de bebé o los carros de la compra no lleván, aún, motor.

Del carril de bici (inexistente) o de la muerte, hace tanto, del tranvía, que sigue funcionando estupendamente en otras ciudades europeas, ni hablo.

Y por último, la tremenda falta de respeto y el egoismo radical propios de los ciudadanos de mi urbe, que les lleva a dejar el coche sobre los pasos de peatones o a amontonar basura en un cruce (siempre molestando al peatón, nunca a los automóviles).

A veces pienso en formar un grupo organizado (nos llamarían terroristas, seguro) que se dedicara a despejar las aceras colocando cualquier obstáculo en mitad de la carretera, o a dejar algún mensaje reflexivo sobre los vehículos invasores…

Cuando Aleixandre llamó a mi ciudad la del Paraíso, no había ni tanto coche, ni tanta especulación inmobiliaria.

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